Llegada a la ciudad de los buenos aires

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Después de un vuelo largo esa cola en la migración argentina se te hace aún más larga que el vuelo mismo… Acompañada por unos ataques de calor y pensando en la valija (Y si el vuelo hizo una escala en Londres este ‘pensando’ se vuelve un ‘rezando’… ¡Por favor haz que mi valija haya llegado al mismo lugar donde estoy yo y eso es Buenos Aires y no Londres o Rio de Janeiro!) te vas acercando paso a paso (¡Literalmente!) a los de migraciones. Detrás de los vidrios parecen muy severos… Serios, te controlan el pasaporte, te toman la huella digital, te piden tu dirección y de repente, al final de este procedimiento… te sorprenden con un amable ¡Bienvenida, Alessia!, y te sentís como si fueran unos viejos conocidos y estarías llegando a casa… Si en migraciones se despiden de vos diciendo tu nombre y algunos hasta con un ¡Pasála bien!, entonces ya sabés que llegaste a Argentina. Una vez una señora tras haberme tomado la huella digital me dijo: Daría de todo para tener tan sólo uno de tus ojos (Acerca del chamuyo y lo pintoresco del lenguaje argento en otra ocasión…).

Al fin en posesión de mi maleta (Que buena onda que haya llegado! ¡Tuve suerte una vez mas! ¡Perdón, valija –se me escapó maleta- hay que ir argentinizándose!) y habiendo pasado por la aduana (proceso que en promedio dura una hora) soy una persona libre. Me siento en una banca para esperar a mi novio. Para que también en el futuro me sigan viniendo a buscar al aeropuerto, acá habría que aclarar que el hecho de que haya tenido que esperarlo, fue una excepción debida a motivos de trabajo. Así que la demora ya había sido anunciada y acordada previamente… (Ta bien así mi amor?)

Poco después de haberme sentado, un jóven de aspecto (¿Como expresarme de manera políticamente correcta y objetiva?) no muy cuidado, no muy agradable, ni muy arreglado o simplemente arreglado de manera ’diferente’, además no muy peinado, ni muy perfumado se sienta enfrente mío. Tras haberle asegurado que no tengo ni un peso y que eso corresponde a la verdad y a nada más que la verdad, me empieza a hablar de su gran amor… «Boluda, (Es un poco raro tener que explicarle a los de habla alemana que ‘boluda’ quiere decir persona con testículos extraordinariamente grandes… Pero bueno, viceversa debe ser raro para los argentos saber que en Suiza no tenemos ninguna palabra que se use como ‘boludo’… únicamente se puede llegar a decir ‘viejo’… lo interesante es que hoy en día hay muchos chicos que estropean el alemán… y podés llegar a escuchar un grupo de nenas de 12 años diciéndose una a la otra ‘viejo’… no, no vieja, entendieron bien… viejo… pero bueno, profundizaré en el tema de las palabrotas en otra ocasión…)…» El tipo entonces me sigue contando… «Boluda, yo se lo dije a través del viento (a su gran amor)… pero no sé si entendió… Le dije a través del viento que se venga a Buenos Aires… yo la banco boluda… Sólo que no sé a que aeropuerto llega, pero la voy a esperar acá boluda…» Mientras él me cuenta toda su vida e insiste en el hecho de que al parecer tengo los testículos extraordinariamente grandes, intento hablarle razonablemente: «Mirá, si ella viene desde Europa y su vuelo es directo, lo más probable es que llegue a Ezeiza así que ya podés descartar al Aeroparque…» hasta que al fin llega mi novio. Al abrazarlo estoy agradecida de que nos podamos comunicar tan bien por skype y que le haya podido mandar un mensaje inequívoco sin tener que recurrir al viento: Llegué a la ciudad de los buenos aires…

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