Extranjera de incógnito

DSCN0935Desde ya les digo que las fotos no tienen nada que ver con el contenido de ese texto… Pero es primavera y la ciudad luce su vestido color violeta… ¡Los jacarandás están en flor!

Cuando le cuento a amigos y conocidos que estoy viviendo en el centro de Buenos Aires la mayoría de ellos me dice que debe estar bueno vivir acá, cerca de todo, de tiendas y donde siempre hay gente… especialmente para mí, cuando ande sola… y en el mismo momento en el que es pronunciada la palabra „sola“ se viene la frase: „Tratá simplemente de hacer que no se den cuenta de una, que no sos de acá…“ Y allí empiezan los consejos para andar por Buenos Aires como extranjera de incógnito.

Los consejos empiezan por: „¡Tratá de caminar con paso seguro, no te quedes parada, no te quedes mirando algo por demasiado tiempo…!“ Y pasan por: „¡No te lleves la cartera! ¡No te vistas ni te maquilles demasiado… no te conviene mucha producción…!“ Y llegan hasta cosas como: „¡No hablés demasiado!“ (Ni hablar del mapa de la ciudad, la cámara y verdaderas joyas que son tabú…) Al final por lo general conluyen con la tranquilizante frase: „¡Pero vos tranquila… no lo pensés demasiado, simplemente tené cuidado!“ ¿Tranquila? ¿No lo pensés demasiado? ¿Simplemente tené cuidado? ¿Me están jodiendo?

Si no quiero que todo el mundo se dé cuenta enseguida que soy extranjera tengo que pensar ante cada movimiento, cada palabra, cada respiro… ¿Y así igual quedarme tranquila? ¿Y además por qué tendría que querer andar de incógnito? Estoy orgullosa de mis dos nacionalidades y además puede ser lindo ser algo exótico por una vez, ¿no? (Aunque Suiza y exótico se excluyan por definición… pero bue…)

Los motivos por los cuales me conviene permanecer incógnito se pueden resumir en 3 puntos:

  1. Voy a expresarlo una vez por todas para que quede muy claro: No te toman por el culo. Perdón, pero es así. (Por ejemplo si uno quiere hacer un curso de tango… ¿De dónde sos? ¿Suiza? Ah bueno, son 60 Euros. ¿Argentina? 150 Pesos. O sea mas o menos 10 Euros)
  2. Para que no te roben. (Te roban igual.)
  3. Todos acá te lo dicen. (¿Por algo lo deben decir, no?)

Al igual que después de una separación paso a veces en diferente orden e inclusive varias vaces al día por las 4 fases del no-querer-aceptar, al dolor, hasta la rabia y a la aceptación. Hay días en los que salgo con cámara y cartera (bueno, confeso que nunca salgo con las dos cosas a la vez… Y si me llevo la cartera, obviamente está casi vacía y lógicamente no tengo la billetera adentro…). O me pongo (terca) mi campera Mammut azul (¡Sí, es una marca suiza Mammut y se ve de lejos que es una buena campera… pero llueve y no me quiero mojar!). Me corrijo: Hubo días, dos para ser exactos, en los que me puse mi campera Mammut y si ahora el tipo al cual se la di cuando me la pidió estando sentado con su amigo en la moto se la pone, no va a parecer extranjero igual… Otros días sin embargo, trato de verme estresada cuando ando por la calle, como si estuviera yendo a trabajar y a veces estoy por mirar mi reloj… cuando me doy cuenta que no lo tengo puesto… Cuando tengo que preguntar algo lo hago con frases cortas, porque así puedo imitar mejor el argentino: ¿Hola, tomates? (Muy importante el tono de voz obviamente. ¿Hola, tomates? = Hola. ¿Tienes tomates? ¿Dónde están? No los veo.) También es importante la mímica y la mirada de pregunta (levantando las cejas) y dar la impresión de no tener tiempo como para hablar en frases completas. Además le doy mucha importancia a un muy amable „gracias“ que incluye una gran sonrisa de mi parte, porque no quiero que piensen que soy una maleducada.

A veces igual hasta una única palabra alcanza para ser desenmascarada. Hace un par de días alguien en el supermercado me preguntó: ¿Dónde empieza la cola? Y yo le respondí con mi español madrileño (enseñado por una profe suiza y aprendido por una alumna suiza e italiana, o sea yo): „Allá.“ Y en el mismo momento en el que me oía decir ese „allá“ sabía que se había ido al carajo mi incógnito.

Así como ocurre con el idioma puede pasar también con otras pequeñas cosas en la vida cotidiana. El día en el que al fin hice mi tarjeta de sube y fui por primera vez al subte me sentía super incógnito. Con paso seguro llegué al molinete – pero no pude pasar… cuando de repente oí alguien que gritaba por todo el subte: „¡¡Tenés que ponerla arribaaaa la subeeee!!“ También me suele pasar que me quedo esperando el segundo y tercer beso al saludar a alguien y la gente se me queda mirando algo confundida como queriéndome decir: ¿Qué le pasa a ésta? Y sí, en Suiza nos saludamos con tres besos (y después dicen que somos fríos los suizos).

En el momento en que tengo que hacer algun trámite igual no hay caso… Entonces espero hasta el último momento para sacarlo,… mi pasaporte color rojo vivo. Pero en el instante en el que llega mi turno, hasta el último que está en la cola sabe que no soy de acá…

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