Monat: Januar 2015
¡Frohe Weihnachten (feliz navidad) y feliz año nuevo!
Navidad con 30 grados? Es algo que aún no he experimentado… y no sé si jamás voy a poder con eso… De allí que esta navidad en el frío he tratado de disfrutarla y vivirla de manera muy conciente, de absorberla con todos los sentidos y de… llevármela! Al volver a Buenos Aires de mis 23 kilos de equipaje permitido al menos 15 consisten en regalitos de navidad, chocolate, bombones, galletas de navidad, cajitas de navidad, decoración de navidad en forma de cintas y estrellas, lentejuelas, papel de regalo navideño, velas y postales. Y así igual, en el fondo sé que van a ser justamente aquellas cosas que no me puedo llevar en la valija las que más falta me van a hacer: El sentimiento cuando volvés a casa y afuera hace frío y está oscuro. El perfume a canela y ramas de pino y todo lo demás. Esa navidad, que en realidad comienza cuando los negocios empiezan a decorar sus vidrieras, ponen música navideña y en los medios de transporte público la policía a cada rato anuncia por los parlantes que hay que cuidar las carteras de los chorros (y cerrarlas) – eso es aproximadamente en la segunda semana de noviembre después de que haya terminado la feria de otoño en Basilea.
Es el tiempo en que los días empiezan a ser más cortos, hace cada vez más frío – o no, y el tiempo sigue siendo igual de gris y feo como ya lo fué en octubre. Los que no odian la navidad empiezan a decorar sus hogares. Algunos de manera más cursi que otros, aunque en Suiza por lo general estamos convencidos de que una decoración navideña linda no consiste en luces de todos los colores que se prenden y se apagan como en una discoteca, ni de arbolitos de navidad de plástico. Con fervor se hacen, compran y regalan calendarios de adviento, coronas de adviento, postales y galletas de navidad. En las escuelas se aprenden canciones de navidad y poemas para Papa Noel y todo el mundo juega al amigo invisible. En cada uno de los 4 domingos antes de navidad se enciende una vela de la corona de adviento. Cuando éramos niños el 6 de diciembre venía Papa Noel. Nuestro Papa Noel no era uno de los que repartían mandarinas en los centros comerciales o de los que pasaban cada año sobre una Harley Davidson. No, el nuestro era el verdadero, el Santiglaus, como le decimos en suizo (de Basilea). El venía desde el bosque negro con su ayudante Schmutzli, vestido todo de negro y un burro. En su libro estaba escrito todo sobre los niños y nosotros le teníamos un poco de miedo, porque sabíamos que nos llevaría consigo si no nos portábamos bien. Por lo general tocaba el timbre de nuestra casa y cuando corríamos a abrir milagrosamente ya no había rastro de él. Pero siempre nos dejaba un pequeño saco con maní, mandarinas, chocolate y una granada. Cada vez que se va acercando más el 24 de diciembre en los periódicos y telediarios se empiezan a hacer pronósticos de si va a haber una navidad blanca, es decir si va a nevar o no, como ha sido el caso en el 90% de mis casi 30 navidades pasadas.
¿Y ahora? ¿La próxima navidad a lo mejor con 30 o 40 grados? ¿Posiblemente sin verdadero árbol de navidad (un abeto posta) y verdaderas velitas? 15 kilos de navidad simplemente no son suficientes. En ninguna valija del mundo entran un árbol de navidad, velas, el deseo de nieve, mis verdaderos Papas Noeles, mi familia, amigos, perfumes, luces, sensaciones, músicas, recuerdos e historias – y sin embargo: Trato de llevarme todo lo que pueda de ello. Y ahora estoy de regreso acá, en Buenos Aires. El shock no fue tan grande como lo había esperado. Dejé los -10 grados y llegué a 25 – fué un día fresco el último del 2014 en Argentina. Cuatro horas más tarde que en mi país le hemos dado la bienvenida al año nuevo con champán, mucha carne, galletas de navidad suizas, lentejas y calzones rojos (me tuve que llevar también algunas tradiciones italianas obviamente) y abrazos… y le deseamos a todos: ¡Feliz año nuevo!
Frohe Weihnachten y feliz año nuevo!
Weihnachten mit 30 Grad? Das habe ich noch nicht geschafft und ich weiss nicht, ob ich es je schaffen werde. Aus diesem Gefühl heraus versuchte ich diese Weihnacht in der Kälte ganz besonders und bewusst zu geniessen, sie aufzusaugen mit allen Sinnen und… sie mitzunehmen! Von meinen 23 erlaubten Kilos Reisegepäck bestehen bei meiner Rückreise nach Buenos Aires mindestens 15kg aus Weihnachtsgeschenken, Schokolade, Pralinen, Weihnachtskeksen, natürlich in schönen Weihnachtsbüchsen, Weihnachtsdekoration in Form von Bändern und Sternen, Glitzer, Geschenkpapier, Kerzen und Kärtchen. Und dennoch ist mir vollkommen klar, dass es gerade die Dinge sind, die ich nicht im Koffer mitnehmen kann, die mir fehlen werden. Das Kuschelige an Weihnachten. Das Gefühl, wenn man nach Hause in die warme Stube kommt und es draussen kalt und dunkel ist… Der Geruch nach Zimt und Tannenzweigen und das ganze Drum und Dran. Das Weihnachten eben, das eigentlich bereits dann anfängt, wenn die Geschäfte ihre Schaufenster weihnachtlich schmücken, sie beginnen Weihnachtsmusik laufen zu lassen und im Tram die Durchsage der Kantonspolizei vor Taschendieben warnt – also etwa in der 2. Novemberwoche sobald die Herbstmesse in Basel vorüber ist.
Die Tage werden kürzer, es wird kälter – oder auch nicht, es bleibt so grau und nass, wie es bereits im Oktober war und die Nicht-Weihnachtshasser beginnen ihr Zuhause zu schmücken. Die einen kitschiger als die anderen, ist man sich in der Schweiz insgesamt doch einig, dass eine geschmacksvolle Weihnachtsdekoration nicht aus mehrfarbigen, blinkenden Lichtern und Plastikbäumen besteht. Es werden eifrig die verschiedensten Adventskalender, Adventskränze und Weihnachtskärtchen gebastelt, gekauft oder verschenkt und Weihnachtsgutzis gebacken. In den Schulen werden Weihnachtslieder und Verse für den Santiglaus eingeübt und es wird wie wild gewichtelt. An jedem der 4 Sonntage vor Weihnachten zündet man eine Kerze des Adventskranzes an. Als wir Kinder waren, kam am 6. Dezember nicht einer der Gläuse, die in den Geschäften Mandarinen verteilten oder auf der Harley Davidson vorbeisausten zu uns nach Hause. Nein, zu uns kam natürlich der richtige Santiglaus, derjenige der aus dem Schwarzwald mit seinem Gehilfen Schmutzli und einem Esel unterwegs war. In seinem dicken Buch stand alles über uns Kinder und wir hatten etwas Angst, weil wir wussten er würde uns mitnehmen, falls wir nicht brav waren. Meistens klingelte er an der Tür und wenn wir aufmachten lag ein Säckchen mit Erdnüssen, Mandarinen, Schokolade und einem Granatapfel für uns da. Je näher der 24. Dezember rückt, desto eifriger wird in den Zeitungen und der Tagesschau gemutmasst, ob es nun dieses Jahr eine weisse Weihnacht gibt oder doch wieder nicht, wie dies in 90% meines nun bald 30 jährigen Daseins der Fall war.
Und nun? Das nächste Weihnachten vielleicht mit 30 oder 40 Grad? Möglicherweise ohne echten Tannenbaum und echte Kerzen? 15kg Weihnachten reichen eben einfach nicht aus. In keinen Koffer der Welt passen Tannenbaum, Kerzen, der Wunsch nach Schnee, meine beiden „echten“ Santigläuse, Familie, Freunde, Gerüche, Lichter, Stimmungen, Musik, Erinnerungen und Geschichten – und trotzdem: Ich versuche so viel wie nur möglich davon mitzunehmen. Und jetzt bin ich wieder hier, in Buenos Aires. Der Schock war nicht so gross wie erwartet. Ich bin von -10 Grad Celsius auf ca. 25 Grad gestossen – es war ein „kühler“ Tag, der letzte des 2014 in Argentinien. Vier Stunden später als in meiner Heimat sind wir mit Sekt, viel Fleisch, schweizer Weihnachtsgutzis, Linsen, roten Unterhosen (auch ein paar italienische Traditionen musste ich natürlich mitnehmen!) und Umarmungen ins 2015 gerutscht und wünschen allen: ¡Feliz año nuevo!
